miércoles 3 de febrero de 2010
Chau Redrado, llega Marcó del Pont: a repartir
lunes 25 de enero de 2010
Venezuela, Nicaragua y Bolivia: la pulsión antimoderna
En Nicaragua, Daniel Chamorro, hijo del histórico periodista asesinado por Somoza en 1978, denunció que, con dinero de Chávez, empresarios amigos del presidente Daniel Ortega han comprado un importante canal privado y que ahora no encuentra otro donde trabajar.
Pero lo mejor del día vino de La Paz. Allí Evo Morales inició su segundo mandato con un plan ambicioso: educar a los periodistas para que no digan más mentiras y aprendan de una buena vez a luchar contra el capitalismo (si no me creen, vayan a la excelente crónica de Erbol digital). “Hacen escándalo en base a mentiras”, afirmó sobre los periodistas. Morales formuló así su pensamiento: “Tenemos que empezar a educarnos, quisiera que la prensa sea otro control social”. La implementación de esta educación forzada “es por su bien” tranquilizó Evo a los cronistas que escuchaban el descomunal anuncio, para que hagan lo único ético: enfrentar al capitalismo que está destruyendo el planeta. Como se ve, las nociones de libertad de pensamiento, de independencia de la persona del Estado y de la comunidad, y un largo etcétera de valores similares, no aparecen en el radar del presidente boliviano. "Control social" es para Evo un término clave, por ahí pasa todo. No sólo como táctica de dominación, sino además como fin, como valor. Es que el estadista andino se guía por otros valores que los de la democracia contemporánea: por ejemplo, los preceptos aymaras que hizo introducir en la nueva Constitución. Estos preceptos son los de la llamada “justicia comunera” que se aplica en los poblados de los Andes. Es una justicia sumaria y brutal, con aplicación habitual de castigos corporales para los "mentirosos" y los "flojos". Ningún penalista progresista se soñaría con tomar estos mandatos prehispánicos como pauta para legislar, por ejemplo, en la Argentina. Pero nadie de este sector se soñaría tampoco con objetar su incorporación a la Constitución boliviana. Contradicciones, o, más bien, hipocresías, de un sector político y cultural muy habituado a ellas. En todo caso, es claro que son unos mandatos morales provenientes del comunitarismo premoderno que predica Morales, pero absolutamente ajenos a la democracia, dado que esta es un invento de la Europa moderna que, entre otras muchas cosas, le permitió a Morales llegar al poder.
En todos los casos, estos presidentes latinoamericanos demuestran que en la región subsiste una pulsión antimoderna poderosa. Que, nada casualmente, se conjuga siempre con un anticapitalismo apasionado.
sábado 16 de enero de 2010
Chile: una revolución social lenta, pacífica y silenciosa
La revolución social silenciosa
Casi en silencio, tapado por la campaña electoral y los esperado resultados de hoy, queda en segundo plano lo más importante del caso chileno. Es esa revolución social silenciosa ocurrida en Chile durante estos años: la creación de una nueva clase media, creciente y optimista sobre su futuro. Un enorme contraste con lo que ocurre con ese mismo sector social de este lado de los Andes. Una clase media que esta vez le dio, en buena parte, su voto a la derecha porque dejó de ser, parece, pinochetista, y porque le promete atenderla como hizo Bachelet con las clases más necesitadas, además de renovar sus oportunidades de movilidad social ascendente.
"El votante que era de una clase trabajadora, media-baja, con una mentalidad de centroizquierda, más leal a la Concertación, ese votante hoy día tiene un perfil de consumo que lo pone en un nivel más liberal", explicaba ante los resultados de la primera vuelta (44 por ciento Piñera, 29,6 por ciento Frei) el sociólogo Cristóbal Aninat, de la Universidad Diego Portales. El investigador recuerda que en 1987, Chile tenía 50 por ciento de la población bajo la línea de pobreza. Desde entonces se ha triplicado el ingreso nacional, se ampliaron los programas sociales y un porcentaje grande de población ha pasado a tener niveles medios de consumo.
Del otro lado del Pacífico, China también protagoniza una similar revolución social, pero con las tensiones propias de un sistema político totalitario, como evidencia el caso de Google (ver página 32).
En contraste con estos logros sociales, revolucionarios y no violentos, de la economía de mercado en la región, destacan las revoluciones autoritarias y rebosantes de retórica amenazante de Evo Morales y Hugo Chávez. Que solamente pueden "vivir de rentas" nacionalizando lo creado anteriormente por las empresas privadas, o que usufructúan directamente el bienestar creado por la economía de mercado, como es el caso de la renta petrolera que recaba diariamente Venezuela de los EEUU.
miércoles 13 de enero de 2010
Venezuela y Argentina: el fracaso de la economía populista
Hugo Chávez devaluó entre el 20 y el 100 por ciento, con simultáneo desdoblamiento del mercado cambiario. Desdoblamiento oficial, porque el dólar paralelo ya existía en Venezuela desde que se instauró el control de cambios en 2003. Ahora se creó un "dólar petrolero", a 4,30 bolívares, el doble del valor vigente hasta el viernes pasado, para cobrar las exportaciones de ese rubro y las importaciones "no esenciales"; y otro, más bajo, a 2,6, para importar bienes esenciales, especialmente alimentos y medicinas. Entre los bienes no esenciales penalizados figuran electrodomésticos, ropa y productos metalúrgicos y de plástico, que el ministro de Planificación, Jorge Giordani, calificó como "bienes innecesarios". Son todos productos que la economía venezolana no logra fabricar y debe importar. En tanto, el dólar paralelo cotiza a 6 bolívares. A la moneda venezolana se la llama "bolívar fuerte" porque, producto de la inflación crónica, se le debieron quitar tres ceros en enero de 2008.
Entretanto, las cifras oficiales de Venezuela admiten que 2009 cerró con una inflación superior al 25 por ciento, la más alta de la región, mientras la economía cayó casi 3 por ciento. Venezuela, en suma, está en "estanflación", esa combinación fatal de recesión con inflación. La devaluación empeorará aún más este cuadro, tanto en lo que respecta a la inflación como a la caída del consumo.
La política económica chavista, un calco de las recetas fallidas de los años 70 con agregados autoritarios de los 40, ha reproducido todos y cada uno de los problemas de aquellas épocas: gasto público siempre creciente que lleva a inflación alta crónica, que a su vez corroe el salario real y el tipo de cambio, con consecuente caída de la economía, a lo que se suma la falta de inversiones privadas por razones obvias. El gasto se va en parte, en unas estatizaciones que implican gravosas cargas para el Estado, tanto en enormes indemnizaciones como en déficit operativos de las empresas expropiadas. A todo esto se debe agregar un régimen de precios máximos que logra crear un activo mercado negro. Súmese un control de cambios rígido, que mantuvo un valor fijo de la moneda durante cinco años, lo que trajo un atraso cambiario que ahora se tuvo que sincerar, pero insistiendo en el control de cambios y redoblándolo. Lo mismo se hizo con el control de precios mediante el publicitado envío de soldados con ametralladoras a controlar valores de heladeras y microondas. A todo esto, por si fuera poco, aún hay que agregar el descalabro energético: la matriz energética venezolana es irracional, puramente hidroeléctrica, y ante la sequía se le echa la culpa a El Niño. Para cambiar esa matriz y hacerla más balanceada se necesitan años de trabajo serio y grandes inversiones, poco redituables en términos propagandísticos: algo imposible para el chavismo, que vive en un régimen de demagogia estridente y constante.
En suma, en Venezuela se verifica una enumeración de calamidades que a los argentinos trae muy malos recuerdos...y algunos paralelos inquietantes con el presente. Acá también hubo dólar comercial y dólar paralelo, quita de ceros a la moneda, así como precios máximos, y hoy existe una persistente inflación que corroe el salario real. Como frutilla del postre, tanto en Caracas como en Buenos Aires se decidió echar mano de las reservas. De las "excedentes", una extravagante categoría inventada ad hoc para dar el manotazo que ningún economista serio suscribe, del mismo modo que en ningún país mencionable se discute la autarquía del Banco Central.
Todo esto es la setentización de la economía, o la macroeconomía del populismo, como se la ha llamado, y que no hace otra cosa que repetir obstinadamente lo que no funcionó y se hundió catastróficamente en los años 80. Los resultados, no sólo en Venezuela, están a la vista.
viernes 8 de enero de 2010
8 de enero: fecha para recordar
jueves 7 de enero de 2010
Caso Redrado, o el fuerte clima de fin de época
lunes 4 de enero de 2010
La globalización le gana a la crisis internacional
Hoy, en contraste, gran parte de la economía mundial está fuera de EEUU y Europa, factor que explica la rápida recuperación de la crisis. La economía mundial es, cada vez más, “emergente”, y esto se evidencia en el anacronismo en que cayó la expresión, utilizada durante décadas, “países industrializados” para referirse a EEUU, Europa occidental y Japón.
Señala The Economist en su edición del 30 de diciembre que esta última crisis no derribó a ningún gobierno, salvo el de la pequeña Letonia. No hubo tampoco alzamientos populares, como pasó durante la debacle asiática de 1997-98. “No ha habido ninguna reacción adversa contra el capitalismo ni el libre mercado” celebra, aliviado, el gran semanario británico. China e India, los dos miembros mayores del grupo BRIC, que se completa con Brasil y Rusia, ni siquiera entraron en recesión, sólo redujeron el ritmo de su crecimiento durante unos pocos meses.
Resulta claro, entonces, que la dimensión y alcance de la economía globalizada explican lo limitado y casi fugaz de esta crisis, nacida como se sabe en los EEUU en 2007 por la acumulación incontrolada de una enorme masa de créditos hipotecarios de mala calidad.
El dato nuevo es que la globalización hace al sistema internacional más estable y seguro, además de mucho más dinámico e interconectado. Es esta la principal lección que deja el agitado bienio 2007-09. El nuevo papel de los emergentes demuestra que ha habido un cambio estructural y para bien en el sistema económico internacional, que hace apenas una década era mucho más inestable (se sucedieron las crisis del Tequila, de los tigres asiáticos, Rusia, el default de Argentina, etc). La globalización resulta por todo esto doblemente deseable: no sólo lleva desarrollo a países secularmente pobres, que hasta hace apenas 10 ó 20 años vivían estancados en economías agrarias de supervivencia, sino que además torna estructuralmente estable al sistema internacional sin quitarle dinamismo.
Es este un dato clave que se le escapó al consabido coro anticapitalista, cuyos integrantes se frotaban las manos a fines de 2008 augurando un largo período de recesión, desempleo y hundimiento generalizado. Como ya es rutinario, estas incurables Casandras del anticapitalismo se volvieron a equivocar y debieron callar bruscamente, justo cuando la fiesta, para ellas, apenas empezaba.
Pero, volviendo a lo realmente importante, la veloz recuperación de la crisis acelerará el trasvasamiento de poder de los países centrales a los emergentes, apunta The Economist con acierto. El cambio en el balance de poder internacional, que ya se veía a simple vista antes de la crisis, apurará el paso. La gran perdedora de este cambio acelerado parece ser Europa, mucho más que los EEUU.
Este desenlace de la crisis diluye asimismo el sueño anacrónico de reflotar el viejo tercermundismo, dado que los grandes países del antiguo Tercer mundo son hoy los entusiastas protagonistas de la globalización capitalista. Pueden darse, claro está, jugadas de tablero, como la apertura de Lula a Irán, o los guiños de Rusia a Hugo Chávez, pero son un levísimo reflejo del tercermundismo radical de los años 60 y 70.
En el plano regional, la rápida recuperación económica mundial consolida a los países pro-mercado, como Chile, Colombia y Brasil, y deja aún más aislados a los enrolados en un anticapitalimo furibundo —Bolivia, Venezuela, Ecuador— metidos en un camino económico sin salida. En este cuadro regional, con dos campos bien definidos, Argentina insiste en apostar por el bloque retrógrado y claramente perdedor, profundizando su alianza con Chávez y dramatizando su confrontación con EEUU (la visita de Arturo Valenzuela). Estas malas apuestas internacionales del gobierno kirchnerista van acompañadas en el plano doméstico por una ulterior agudización de su sesgo antimercado.