sábado, 20 de enero de 2018

Razones religiosas del enojo de Bergoglio con el "new age" Macri

El distanciamiento inocultable entre el Papa Bergoglio y el presidente Macri se explica generalmente a partir del eje peronismo católico -antiperonismo liberal (la tesis de Sebreli y Loris Zanatta, del lado anticatólico). Pero se pueden sumar razones dentro del terreno propiamente religioso. Un aspecto que no choca con el anterior, sino que lo complementa, o más bien lo desborda.

Allá por 2012 el por entonces alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, auspició oficiosamente un masivo acto religioso de tono hinduista en los bosques de Palermo. Fue la recordada "meditación colectiva" del gurú indio Ravi Shankar. Unos años antes Macri y la fundación de Shankar habían firmado un acuerdo de colaboración. Vino después el acto "pagano" en la Quebrada de Humahuaca en diciembre de 2015 y las "blasfemas" declaraciones del asesor Durán Barba. Se sabe o se cree que Macri practica este tipo de creencias, despectivamente englobadas como New Age. Se trata de una mezcla, ligera y multiforme, siempre abierta a novedades, en la que se suman elementos budistas, hinduistas y del Tao de Lao Tsé y como práctica corporal, mucho yoga. Técnicas de respiración, como la que vino a enseñar Shankar aquel año, y un panteísmo ecologista. La lista varía mucho según la persona, dado el carácter radicalmente abierto y no institucionalizado de estas creencias.

El desprecio de los religiosos tradicionales por esta nueva tendencia no podría ser mayor. Una irritación explicable: estas nuevas religiones les están "comiendo" buena parte de su base de creyentes. En el caso de la Iglesia católica, mientras ha perdido creyentes en los sectores populares a manos de las iglesias evangelistas, la clase media urbana, que es su último bastión, se vuelca, o por un agnosticismo indiferente, o por este espiritualismo conformado con lecturas de gurúes, divulgaciones del budismo e hinduismo y un vasto etcétera de textos, fuentes y autores.

Desde el monoteísmo se responde con arrogancia a esta novedad. "Falsa espiritualidad" es lo menos que se les dice a estos nuevos religiosos sin iglesia. La furia monoteísta tiene su razón de ser: a diferencia de las iglesias históricas, que tienen un corpus dogmático solo revisable por sus propios clérigos y laicos calificados (los concilios, en el caso católico) en estas nuevas creencias todos aportan lo suyo, cada creyente tiene su punto de vista y retira de la góndola de creencias aquello que considera mejor para él. Un poco de Tao, otro del Buda, una buena porción de cosmología hinduista, y así. Hasta el dios cristiano y su hijo crucificado pueden tener su lugar: bienvenidos sean, pero son uno más en el coro de opiniones. Como se dijo, esta nueva religión causa una mezcla de desprecio, ironía y repudio en los "verdaderos" religiosos. Pero, al no poder ejercer ya como en los buenos tiempos la coerción física más extrema, no les queda otra alternativa que observar cómo crece la nueva tendencia. Surgidas al calor de los años 60, con antecedentes en el orientalismo de minorías cultas, las nuevas religiones van instalándose en una sociedad muy secularizada, entre esa clase media urbana que ha dejado vacías las iglesias católicas. No por casualidad la visita a Chile de Bergoglio salió tan mal: es, junto con Uruguay, el país más secularizado de América latina, mucho más que Argentina, según el estudio de Latinobarómetro publicado en vísperas de la llegada del Papa a Santiago.
El fondo de toda la cuestión es que ya casi nadie acepta someterse a una religión dogmática e institucionalizada como las monoteístas. El monoteísmo resulta hoy particularmente antipático: ese dios único es un padre autoritario, violento, muy habituado a castigar, incluso a quitar la vida. Su bondad solo asoma después de la sumisión, de la humillación, del pedido de perdón del pecador castigado. El cristianismo, forzado por su convivencia en Occidente con una modernización que lo fue sacando del centro de la escena, ha tratado de actualizar esa imagen negativa y anticuada del dios padre. El islam, totalmente impermeable a toda modernización de costumbres y valores, sigue impertérrito enseñando la sumisión absoluta a un dios cruel. Por algo la acepción de la palabra islam es "sumisión". Pero todo el monoteísmo alaba la sumisión. El ritual de arrodillarse, y en el caso del islam, directamente de postrarse (¡cinco veces al día, durante toda la vida!) indica que la humillación es parte relevante, sino esencial, en estas religiones del Libro.
Otro aspecto central es la sexofobia sin cuartel del monoteísmo. El desprecio por el cuerpo y la sexualidad, que se viven culposamente toda la vida. O se la reprime sin más, en el caso de los clérigos. Pero como es una pulsión y una estructura biológica, vuelve de la peor manera: como una perversión que se vuelca sobre los niños. De ahí el sistemático drama de la pedofilia de sotana, que se repite una y otra vez al negarse su origen. Al contrario, el nuevo religioso vive su sexualidad como casi todos los contemporáneos: sin mayores complejos ni grandes culpas. El goce no se reprime, al contrario, se busca. Este cambio de 180º se incorpora con toda naturalidad a la práctica religiosa new age.
 
 El cristianismo tiene asimismos una figura que todo lo dice sobre la minoridad permanente a que se somete al fiel monoteísta: la parábola de la oveja perdida y del buen pastor, las ovejas del rebaño, la grey. El Papa reclamó como se recordará a sus sacerdotes ostentar más "olor a oveja". Pero ocurre que reducir la persona a una oveja obediente en su rebaño no es una metáfora afortunada en los tiempos que corren. Al contrario, provoca rechazo o sencillamente repugna: "¿Yo, una oveja del rebaño? Vaya a otro lado con eso". El "new age" en cambio, es un individuo soberano: escucha a sus gurúes de cabecera, compra sus libros, anota sus frases. Establece una relación entre maestro y discípulo a distancia, no la de un dios totopoderoso, sus representantes privilegiados -los clérigos- y el creyente sometido, reducido a uno más del rebaño. Al catolicismo y al resto del cristianisno, pese a los esfuerzos de actualización que han hecho, les cuesta dar el gran paso: dejar el báculo de pastor, olvidarse de ese rol, y admitir que el dios padre de antaño, figura que sustenta la antigua sociedad patriarcal autoritaria premoderna, debe mejorar mucho su carácter, actualizar su pedagogía y olvidar sus permanentes amenazas de muerte si no quiere que sus fieles dejen de serlo y se vayan a otra parte. Como están haciendo hace años.
 Y, como se ha dicho, es la clase media urbana -la única que aún tiene en su área de influencia la Iglesia católica-, la más activa en la difusión de estas nuevas creencias. Su rasgo esencial es ser doctrinas antidogmáticas, ajenas a instituciones y sacerdotes y abiertas a replanteos y novedades. No hay "apostasía", nadie se hace hinduista ni budista, sino simpatizante de sus doctrinas, o de algún determinado aspecto de ellas. El fracaso del movimiento Hare Krishna es claro al respecto. Y es este planteo elástico y decididamente contemporáneo de la religiosidad el que saca de las casillas a los  monoteístas, porque les avisa que a sus religiones les puede estar llegando el fin de su tiempo histórico, el momento de su caducidad. Como ha ocurrido con tantas otras creencias a lo largo de la larga historia humana. Las religiones que el cristianismo sustituyó también se creian eternas y había dominado milenios en algunos casos. Como se ve, el asunto de fondo va muchísimo más allá del anecdótico y provincial tema del peronismo del Papa Francisco.

martes, 14 de febrero de 2017

Argentina y Brasil, en el laberinto de economías estancadas e inflacionarias por un gasto público descomunal

Los presidentes Macri y Temer se reunieron hace poco en Brasilia con una agenda muy genérica pero con un propósito político bien claro: mostrar coincidencias entre los nuevos presidentes de los dos mayores países de Sudamérica. Son momentos difíciles por la mala condición en que se encuentran las respectivas economías y con los adversarios políticos atacando de manera implacable a los nuevos gobiernos. Vale la pena analizar con algo de detenimiento el estado estas dos economías y sus causas.

Pero antes hay que detenerse en una opinión pública equivocada en gran medida, sobre todo en Argentina. Hay un juicio errado que se forma una parte sustancial de la sociedad sobre los procesos económicos; un porcentaje importante, sino mayoritario, de la sociedad parece creer que la economía puede crecer indefinidamente en base a aumentar el gasto público y estimular el consumo, emitiendo en ese proceso cantidades crecientes de moneda sin respaldo. El menú se completa con control de cambios (cepo), control de precios a lo Moreno, olvido de la inversión y varias recetas "para controlar a los empresarios, porque sino se llevan toda la torta". A partir de esta creencia, firme y a veces fanática, el pasaje del modelo K al programa de Macri no es una cuestión técnica, limitada a estabilizar las variables macroeconomicas que los casi 13 años de gestión anterior habían dejado muy desordenadas (precios relativos, tipo de cambio, cierre de los mercados financieros, represión de importaciones, tarifas disparatadamente subsidiadas, actividad planchada, etc). No: se cree que se trata de un choque agonista de modelos, entre uno "popular" y uno "neoliberal". La economía es mera variable dependiente de la política y esta es expresión o canal de las luchas de intereses entre clases sociales y sus pujas distributivas. Se puede elegir un modelo económico según el gusto y nunca según las condiciones y limitaciones que la propia economía impone. Por esta creencia extendida  -formulada en forma apenas más elaborada por las "minorías intensas" del progresismo-, es que Marx no es muy citado ni requerido en la Argentina. Su riguroso esquema de desarrollo por etapas históricas no interesa, porque no sirve a este aparato de propaganda y lucha ideológica. Todo lo contrario. El caso aislado del economista Damián Bil es la famosa excepción que confirma la regla. Y su escasísimo espacio en los medios progresistas, un ejemplo de lo que acá se señala: nada de marxismo riguroso, vamos con el populismo, sea plebeyo y de barricada o ilustrado. Como si Venezuela y los al menos últimos 4 años de kichnerismo no sirvieran de suficiente advertencia, el populismo argentino insiste en que se podía, cómo no, seguir con el esquema Kicillof-Moreno-Vanoli sin término ni limitaciones, salvo las "restricciones externas", que además son siempre culpa del perverso capitalismo.  
En Brasil, la minoría activa que respalda al PT parece creer algo idéntico. Ni petistas ni kirchneristas saben, entonces, que sin muy altas tasas de inversión y ahorro, es decir, sin formación continua de capital, ninguna economía crece con fuerza más allá de un par de años. China es el más conocido ejemplo, pero está lejos de ser el único. La tentación de muchos gobiernos es estimular este ciclo corto o cortísimo a costa del ciclo largo, que no "rinde" políticamente porque no se siente en el bolsillo y tiene costos de imagen (ser "market friendly" es casi siempre mal visto en América latina). 
La recesión económica y la crisis política de Brasil y más aún en Argentina se explican fundamentalmente por esta mala praxis aplicada durante demasiados años. El resultado es que las dos mayores economías de Sudamérica están postradas y con alta inflación ("estanflación"), mientras las demás se muestran razonablemente sanas y absorben bien el golpe de la caída de demanda de commodities. Ahora los dos nuevos gobiernos parecen haber iniciado un difícil proceso de recuperación, pero los primeros resultados son inevitablemente magros. Otro factor central en este diagnóstico es el nivel de cierre de las economías: Argentina va primera en ese triste ránking en la región y segundo se ubica Brasil. Cerrar una economía tiene costos inflacionarios y de calidad del consumo y costos extra en la producción: por un lado, los "formadores de precios" tienen campo libre para abusar del consumidor inerme, a su vez la importación de bienes primarios e intermedios, vitales en toda actividad, es más costosa que en una economía abierta. El país termina perdiendo competitividad y exporta menos de lo que podría. 
La recesión viene en los dos casos acompañada por un déficit fiscal de vértigo luego de años de aumento del gasto público, que llega a niveles de Primer Mundo. Acá hay otro dogma que se termina: gasto público alto no garantiza reactivación, como dice la vulgata del keynesianismo que se ha instalado en la última década. Brasil cerró 2015, último año de gobierno completo de Dilma Rousseff, con un 10,34% de déficit fiscal financiero o total, equivalente a más de 150.000 millones de dólares. A la vez, el país registró una pesada caída del nivel de actividad: -3,8%. En la cuenta final el Estado se llevó casi la mitad de la riqueza nacional. Pero la economía se hundió, no creció, como profetiza ese keynesiansimo de Billiken que predomina en la escena pública. Queda claro que la receta  de apretar el botón del gasto público de manera permanente deja rápidamente de funcionar y pasa a hacer daño. De ahí la decisión del gobierno de Michel Temer de poner por ley un techo al gasto. Una señal a los agentes económicos, más allá de lo muy poco creíbles que resultan estos topes legales en América latina.
En Argentina, Macri cumplió su primer año sin poder encontrarle la vuelta a la tan buscada recuperación y salida de la de recesión. Con la inflación le fue tal vez peor: 40% contra un 25% pronosticado. La debilidad política, parlamentaria y territorial del gobierno explican gran parte de este fracaso. Temer es débil de origen, pero tiene un Congreso más favorable y además no enfrenta los niveles "ochentistas" de inflación de la Argentina (en Brasil ya bajó de 10% a 5,4% en 2016, y este año seguirá ese descenso) y tiene mejores perspectivas de imponer su plan de reformas, pese a su cuestionada legitimidad.Aunque igualmente el déficit fiscal final sigue muy alto. Pero parecería que para Brasil los problemas son hoy más de orden judicial y político: el camino económico está bastante claro, aunque sea muy difícil de implementar.

En contraste con estas dos naciones, las demás economías sudamericanas crecen moderadamente o a alto ritmo. Según proyecciones de la Cepal de octubre pasado Bolivia, creció 4,5% (la del revolucionario Evo es la economía más abierta de América latina); Chile, 1,6%; Colombia, 2,3; Paraguay, 4%; Perú%, 3,9, Uruguay, 0,9%. Se obvia a Venezuela, que es un caso patológico que sale de la clasificación (superó en 2016 el 500% de inflación, la economía cayó 8%, mientras la alimentación está en peligro. Para este año se proyecta una inflación de 1600%). Pero estas calamidades venezolanas también se deben al estatismo, aunque llevado a niveles surrealistas por Chávez y Maduro. Culpar a la caída del precio del petróleo es infantil: hay decenas de otros países petroleros que no sufren ninguna de estas patologías.

Como ya se ha dicho muchas veces, los gobiernos populistas se alimentaron de la parte alta del ciclo de commodities, terminado a partir del bienio 2013-14. Nada casualmente, poco después entraron en crisis y fueron sustituidos por "la derecha", ese demonio que viene a recomponer los stocks de capital y bienes públicos consumidos a manos llenas por sus demagógicos predecesores. En el caso argentino, además de consumir los stocks de capital físico y financiero, con el kirchnerismo se produjo una fuga de capitales masiva que llevó al "cepo". Falazmente, Kicillof y sus fans en los medios aún alegan como causa del cepo la "restricción externa", cuando el cerrojo se impuso en octubre de 2011 y la soja alcanzó su precio récord en septiembre de 2012, con más de 640 dólares la tonelada. Difícilmente a eso se lo pueda llamar "restricción externa". Lo que había con el kirchnerismo cristinista era una fenomenal fuga de capitales y ahorros por el justificado temor al reiterado manotazo estatal. Y un nulo ingreso de inversiones, que no podían remitir dividendos. El cierre progresivo de la economía y la represión de las importaciones, que llevaron a una caída sistemática del comercio exterior en 2011-15, produjeron recesión con atraso del tipo de cambio, combinada con una emisión desbocada. Esto es lo que heredó Macri. Una herencia pesada en serio, más allá del abuso de esta imagen por parte del macrismo.

Sobre Brasil hay que recordar que la política expansiva de Dilma Rousseff se inicia en 2012 (la Nova Matriz Macroecómica, la llamaron sus teóricos), que dejó atrás años de políticas económicas más prudentes de los gobiernos del PT, tanto de Lula como de la propia Dilma (esta inaugura su primer período con un recorte fiscal de 20.000 millones de dólares y en mayo de 2015 anunciará otro de 25.000 millones). El modelo de desarrollo lulista ya estaba agotado, pero en lugar de cambiarlo se apostó aquel año 2012 a profundizarlo, vía herramientas intervencionistas. Y se decidió llevar el gasto público a un rango superior. Esta decisión, con el cada vez más alto déficit fiscal, más la calamidad del caso Petrobras-Odebrecht, derrumbaron a la economía brasileña en una profunda recesión con inflación. Conviene repetir y diferenciar: el PT, a diferencia del kirchnerismo, había mostrado madurez en la gestión de la economía desde el primer gobierno de Lula en 2003. Al punto que en el gobierno de Temer hay ministros de las administraciones petistas. El más conocido es Henrique Meirelles, titular de Hacienda y ex presidente del Banco Central con Lula. Pero a partir de la defenestración de Dilma Lula ha impuesto una línea combativa que reposa fuertemente en un discurso del tipo señalado: progresistas amigos del pueblo vs. siniestros derechistas neoliberales. Nunca va a reconocer que su modelo se agotó y que esto devino en la debilidad política que permitió el juicio político contra Dilma.
De esta forma, y contra lo que repiten los propagandistas K, el gasto público excesivo y repetitivo actuó en ambos países como un depresor de la economía, al abrumar con presión fiscal a los agentes económicos y espantar ahorristas e inversores. Ahora se está en ambas naciones tratando de recomponer el mecanismo de formación de capital, la "acumulación" en el vocabulario de la izquierda. Una tarea vital si se quiere alguna vez llegar a tener una redistribución equilibrada y permanente, no episódica y explosiva, es decir, insostenible.

Sería bueno que nuestras sociedades alcancen una madurez que les permita dejar de lado el actual debate estridente mediante chicanas y otros recursos bajos (como se ve todas las noches en algunos programas de TV) y se pueda, por fin, entablar discusiones racionales y adultas, con información de calidad y aporte técnico de los economistas, y llegar a un vital consenso de base sobre qué le pedimos y cuánto le pedimos a la economía. Sobre cómo hay que tratarla para lograr lo mejor de ella. Dentro, claro está, del legítimo pendular entre gobiernos de centroderecha y centroizquierda, ese mecanismo político que permitió a las democracias de Occidente, combinado con economías de mercado de excelencia y avances tecnológicos permanentes, alcanzar las mayores cotas de bienestar con libertad que se hayan conocido en la Historia.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Fidel, el único dictador stalinista que sufrió América Latina

Dictadores y demócratas viven en bandos separados y enfrentados. Los demócratas condenan a los dictadores, que persiguen, encarcelan y hasta torturan y asesinan a los demócratas. Así ocurre, por ejemplo, en Cuba, donde hay una dictadura desde 1959. Sucedió a otra dictadura, de signo opuesto. Batista dio su segundo golpe de Estado en 1952. Fue derrocado en 1959 por una revolución pluralista, democrática y enormemente popular. Pero rápidamente, en pocos meses quedó en manos de Fidel Castro y sus incondicionales. Los demócratas, como Huber Matos, fueron asesinados o encarcelados. O se exiliaron antes de terminar presos o muertos, como el primer presidente del gobierno revolucionario, Manuel Urrutia.   

Pese a este claro panorama, la muerte de Fidel desató una catarata de obituarios y recuerdos lacrimosos. Los apelativos laudatorios y apologéticos no faltaron ni faltarán. Comandante supremo, líder eterno de la "Revolución" _en curiosa autorreferencia a un régimen rígido y fosilizado que tiene casi 60 años. 

Pollitológicamente, no hay discusión posible: el creado por Fidel es un régimen dictatorial, y el fue un dictador de punta a punta durante 47 años, y desde su jubilación por enfermedad en 2006 lo siguió siendo su hermano menor, presidente por sucesión dinástica. Episodio que mucho recuerda a Corea del Norte.

Y esto, por limitarse a la tipología del régimen político, a la tipificación objetiva. Pero si se va a la personalidad de Fidel, se halla una profundamente mesiánica y autoritaria, con rasgos paranoicos y megalomaníacos. De escasa o nula profundidad de pensamiento, no admitía no saberlo todo, no tener siempre la respuesta precisa y definitiva a lo que fuera, el cultivo de la caña de azúcar o el futuro de la Humanidad.
 Fidel encastró a la perfección en el modelo del culto a la personalidad del stalinismo, al que imitó en todo, ciertamente ayudado por sus aliados y severos tutores soviéticos. Fidel hizo limpieza drástica entre los primeros revolucionarios porque como todo caudillo exigía que nadie le compitiera por el liderazgo absoluto del nuevo gobierno, pero a este carácter compartido con muchos caudillos latinoamericanos sumó su ser un comunista ortodoxo. En una purga a lo Stalin el disciplinamiento es mucho más drástico, se lleva muchas más vidas, que en un común régimen caudillesco latinoamericano. El arrepentimiento público luego de estar encarcelado ("autocrítica"), ese repugnante ritual represivo tipico del stalinismo, del escritor Heberto Padilla es el mejor ejemplo que se nos ocurre. Padilla y otros escritores creyeron en los 60 que había margen dentro de la "revolución", que ya era un régimen, para la ironía y la crítica. Terminó en la cárcel, junto con sus compañeros de rebelión. Después de la humillación pública pudo salir de la cárcel.  

En suma, Fidel fue un caudillo latinoamericano, pero agravado en sus rasgos autoritarios por su comunismo ortodoxo. Muy ortodoxo: apoyó la represión de la revolución checoslovaca de 1968, episodio brutal que llevó a la ruptura de los grandes PC europeos occidentales y al nacimiento, poco después, del "eurocomunismo". Fidel y los PC latinoamericanos nunca recorrieron un camino similar, de democratización de sus valores. Todo lo contrario: en 1991 apoyaron abiertamente el intento de golpe restaurador de la KGB contra Gorbachov, que hubiera terminado en una represión genocida de haber tenido éxito. 
 
Pero Fidel fue, por cierto, el único caudillo latinoamericano comunista ortodoxo: la exportación de la revolución falló sistemáticamente, pese a los enormes recursos invertidos en la empresa. Tan popular su modelo de sociedad y gobierno no debió ser como aseguran hoy los apologistas lacrimosos. Ningún PC creció en Latinoamérica, ninguno llegó a ser un partido de masas. Esa ideología ajena y dura, violenta y amenazante, no "prendió" entre los pueblos de la región, que sí resultan tan proclives a entregarse al caudillo salvador. Pero lo prefieren nacionalista-reformista, menos invulnerable, menos intocable y eterno. Más "burgués", en suma. 

Pero el asunto de fondo por estos días es el planteado al inicio: que se llene de alabanzas a un dictador, algo que no es un asunto menor ni anecdótico. Desde el punto de vista los valores democráticos es muy grave. Se supone que una sociedad democrática debe repudiar a los dictadores, y hacerlo sin matices. Y activamente, no sólo ocasionalmente. Nada de esto pasó ni pasará en la Argentina con el régimen castrista, la última dictadura del continente. (bueno, ya no: el chavismo con Maduro alcanzó plenamente esa categoría, y Nicaragua con Ortega, también). 

martes, 30 de agosto de 2016

Farc y chavismo: el final casi simultáneo de dos procesos históricos


El final casi simultáneo de dos procesos históricos
La Capital, 30 de agosto de 2016

El cierre del conflicto armado en Colombia se firmó entre el Estado colombiano y un fósil viviente de la Guerra Fría, las Farc. Vale contrastar este fin, que llega con 25 años de retraso, con la descomposición acelerada que, frontera de por medio, experimenta el chavismo. Porque se suponía que este venía a reemplazar al otro modelo, ya muerto; el esquema neopopulista al comunista, fallido a nivel planetario en 1989. Pero ocurre que el nuevo modelo no duró ni una generación. Mostró una notable celeridad en el fracaso.

Las Farc de Marulanda y Raúl Reyes proponían la revolución y la instauración del modelo vigente entonces en la URSS. Cuando formularon este programa político en los 60s, la URSS parecía una alternativa ganadora. El fracaso del comunismo soviético tardó sus buenos 70 años en madurar; en contraste, el modelo neopopulista chavista apenas necesitó de 15. Hoy se mantiene en el poder solamente porque es un régimen militar, pero no tiene ninguna perspectiva. Fracaso que indica tanto la inviabilidad del modelo elegido como la ligereza e impreparación de su constructor, Hugo Chávez. Pero no solamente de él, también de los dirigentes y los cuadros que le dieron su acompañamiento. Mientras los jefes guerrilleros de las Farc, casi aniquiladas por Alvaro Uribe, debieron negociar su final desde la debilidad de la derrota militar y la desaparición de su modelo político, el chavismo se derrotó solo. El costoso aparato militar y paramilitar de Chávez jamás disparó un tiro en combate —aunque sí bastantes contra la población civil. El chavismo está siendo vencido, no por "el imperio", sino por su tendencia suicida a aumentar siempre y contra toda evidencia de resultados el tamaño del Estado, a estatizarlo todo a golpes de humor del caudillo, con sus famosos "¡Exprópiese!". Mientras el stalinismo tuvo una indiscutible capacidad para industrializar y lograr desarrollos tecnológicos, aunque fuese a fuerza de KGB y campos de concentración (y no consiguió mejorar el nivel de vida de la población lo que llevó finalmente a su implosión), el chavismo solo supo desindustrializar y, más increíble aún, destruir hasta la producción primaria, como la de carnes y vegetales. Un récord negativo sin muchos antecedentes en la Historia.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Más allá del capitalismo, el liberalismo

Con reescrituras importantes el 12/08: 
Sí se pudiese ser anticapitalista o postcapitalista y liberal a un tiempo. Pero ¿cómo? Cuidado: dije anticapitalista, no de izquierda, que es su sinónimo reflejo. Y su forma vulgar. En el plano prosaico de la política, esto signfica habitualmente la conocida vía del medio, la praxis socialdemócrata, que lleva a Felipe González, a Binner. Un café con leche que no me interesa; sirve a poco, salvo a los profesionales a sueldo de la socialdemocracia. Extraños y mediocres a un tiempo. Luego están los radicalizados con "racionalidad", los K-pero, los lectores de Laclau, los Beatriz Sarlo: tantos, son tantos... Acá el anticapitalismo es izquierda sin más, sin posibilidad de duda, el reflejo no se discute. La vulgaridad sin remedio de esta gente, tampoco. Son fascistas de izquierda. Peronistas de izquierda, postmarxisas, cosas así. Para eso me quedo en el barrio donde vivo.
Vayamos para otro lado. Un crítica radical de la sociedad de masas capitalista que sea revolucionaria pero liberal. Atea, crítica del capitalismo institucionalizado, que es un organismo social normalizador como tantos otros, como los partidos, la Iglesia, la religión, los clubes de fútbol, el trabajo, más en general, el peronismo, el socialismo, las corporaciones, etc. Y no olvidar nunca, pero nunca, a la institución opresora y "normalizadora" número uno, por antonomasia, la familia. Familia y capitalismo se pelean pero van juntos en esta actual fase de megaglobalización tecnológica, con instrumentos de mercado que son a la vez de absorción y normalización social (pienso en las redes sociales, en el What'sapp, el Snapchat, etc), que no dejan nunca al individuo solo, es decir, en las peligrosas condiciones de indagar y solventar su soberanía. De abrirse paso entre la telaraña social, que esas tecnologías consolidan. Entro a Twitter, "mi" red social: siento de inmediato el llamado de la tribu, los mecanismos de reclamo identitario, el run-run "sumate, mirá estamos embarcados en otra batalla, nos lo debés, o con nosotros o con ellos". El silencio del individuo soberano merece de inmediato las caracterizaciones alarmadas de la medicina: fobia social, diagnosticarán; depresión, esquizoide, lo que venga con tal de exorcizar el ejercicio de soberanía que perciben en ciernes en el que se ha apartado del rumor de la colmena.

Se busca acá un radicalismo liberal que diga todo el tiempo: vean, no hay otra cosa que esto: en economía, el mercado, que en versión colectivista es especialmente exitoso, v. gr China, Singapur, Corea, etc. Si les gusta, bien, si no, no hay otra opción que Maduro, Evo o Mugabe. Eso está saldado, no se discute más. Pero se trata de abrir espacios para la soberanía de la persona. Superado el asunto del modelo político y económico, veamos cómo abrir brecha en la cada vez más espera trama de control social en la sociedad de masas goblalizada.  

Porque,  como creo acreditado con la sumaria antropología del individuo soberano recién esbozada, sí vale una crítica radical de lo inmanente construido por la Historia, de lo inmanente del capital como categoría histórico-ontológica, o bien transhistórica. O, menos ambiciosamente, una crítica de la sociedad de masas que tenemos, que hay, pero sabiendo que solo puede haber esto, o más o menos esto, al menos en el plano de las instituciones y la economá. Y denunciar que esta chatura existente está a años luz de la sociedad de individuos soberanos que imaginó el liberalismo del XIX. Tocqueville, por ej. Se trata de un utopismo radical liberal, liberal por eso mismo, por ser radical. El punto clave es que el liberalismo lleva mucho, mucho, más allá del mero capitalismo,y precisamente lo hace por ser la única doctrina que parte del individuo soberano; si fuera solo por la economía de mercado, si el liberalismo, como quieren los liberales conservadores _ah, tantos de ellos católicos..._, se terminara ahí, sería suficiente con infiernos sobre la tierra como China, Vietnam, pronto Cuba. O, de nuevo, la vía del medio, el café con leche socialdemócrata o democristiano. Bachelet, Ricardo Lagos, Binner. Dejo esa tarea a los políticos. Yo debo intentar un panfleto radical liberal centrado en la soberanía del sujeto, no en la subjetividad socialmente construida de la izquierda lacano-hegelo-foucaltiana, no, en el sujeto centrado en la conciencia pura originaria, en la inmanencia pura autosustentada del sujeto, que es antepredicativo, esto es, anterior al lenguaje, que es por definición ser social, su principal amalgamante. Sujeto-Yo que como ser anterior al ser social, se plantea su soberanía del rebaño, de la grey, de la tribu. Plantear esto, en tiempos de redes sociales, de Instagram, de estupidización colectiva extrema, como dijo George Steiner hace poco.  

viernes, 18 de diciembre de 2015

La guerra alucinante del compañero Chacúmbele

Nota: Después de ¡cuatro años! he decidido volver a publicar en mi viejo blog. Descubrí con no poca sorpresa que continúa recibiendo visitas. La última publicación era del 31 de octubre de 2011, a días de la entronización de la reina Cristina con su famoso 54%. Ahora, 19 de diciembre de 2015, en bien otro clima político y social retomo estas columnas. 



El chavismo es un híbrido de rasgos fascistas y stalinistas. Por esta, su matriz fascista-stalinista, el chavismo es movilizador de las masas, a las que activa y organiza militar o paramilitarmente, un rasgo típico del fascismo pero también del castrismo y de muchos otros ismos de la izquierda revolucionaria del siglo XX (Stalin, Tito, Kim, Mao, Fidel: todos militares improvisados que amaron vestir el uniforme y el apelativo de "comandante").
En esto se diferencia el chavismo de los otros populismos contemporáneos regionales, de Correa, Evo y los Kirchner y se parece al sandinismo revival del también comandante Ortega. Evo tiene sus bases indígenas organizadas -y en parte, armadas-, como se vio durante la "domesticación" de los departamentos rebeldes, a los que envió sus fuerzas de choque. Pero el indigenismo radical de Evo no es militarista (dicho sea de paso: los Kirchner, como les reprochan los conservadores old style, "desarmaron a la Nación"...sin que esto causara ninguna invasión ni pérdida de soberanía de ninguna especie. Los gobiernos K demostraron, por omisión, que las FFAA son casi prescindibles, que no pasa nada si no se tienen cazabombarderos, fragatas, portaaviones, tanques, etc. Mensaje inquietante para los establishments, militares y de defensa de Chile, Brasil, Perú, etc). 

Chávez fue hasta su muerte un teniente coronel golpista convencido, al punto de hacer del 4 de febrero una fecha patria, la principal del calendario nacional ("Dïa de la Dignidad e Integración cívico-militar": designación altisonante para un miserable golpe cuartelero contra un gobierno democrático debilitado por años de crisis). Su militarismo lo llevó a gastar dinerales en armas para un país que no sufre guerras desde el lejano 1903. Compró a Rusia una fábrica llave en mano de fusiles Kalashikov. Creo las "Milicias Bolivarianas", soldados de fin de semana a los que se arma con un fusil. Se supone que debían llegar al millón para este año, pero eso ha quedado en otro sueño truncado del difunto comandante. Igualmente, son muchos miles y se los ha usado como brazo armado de "la revolución". Mas que revolución, el chavismo es un proceso radical dentro de una institucionalidad democrática muy deformada a gusto y necesidad del régimen. Ya se ha señalado la imposibilidad de este régimen para acatar la alternancia intrínseca a la democracia. pero el chavismo destaca además por estos rasgos fascistas-castristas. Chávez se reivindicaba hijo y heredero del castrismo y del guevarismo. Admirador de su "padre", que lo sobrevivió, Fidel, Chávez nunca dejó de perseguir el perfeccionamiento de su régimen, tanto en su aspecto militar y militarista de masas como en lo que hace a la anulación de sus adversarios.

 La fuerza social a la base de este proyecto militarista es la de siempre en el populismo: el resentimiento, organizado y dirigido por el Líder. Este mecanismo requiere de un pasado nacional glorioso y heroico que ha sido manchado por los traidores, la burguesía y sus viles aliados internos y externos. De aquí que el vocabulario del chavismo y de su fundador esté poblado, como el de Fidel, de terminos violentos y belicosos, tales como "traición", "acecho" "complot" "guerra imperialista" "gusanos", "burgueses escuálidos" "fuerzas burguesas (o fascistas: para el chavismo, cosa curiosa, son sinónimos)" "guerra económica" "ofensiva revolucionaria", y muchos más que apuntan a la perpetua polarización de la sociedad, al punto de llevarla a su rotura, como tristemente logró Hugo Chávez en Venezuela. Hoy la mayoría de los venezolanos está tratando de cerrar esa fractura; Maduro, al contrario busca profundizarla. Este domingo ante los militares, llamó al al alistamiento de las FFAA para una "guerra no convencional". Contra la oposicion que lo venció en las elecciones. Esta guerra no convencional, dijo el pensador de Caracas, es "eléctrica, económica, financiera, criminal, psicológica". Porque el populismo militarista es una tragedia para el pobre país que lo sufre, pero también tiene mucho de farsa y de humor involuntario. Y en esto Maduro se ha revelado un maestro. Para tomarse en broma su propia tragedia, los venezolanos llaman Chacumbele al inapropiado conductor de revoluciones caribeñas. Chacumbele es el protagonista de una vieja canción cubana, un policía que se mata al descubrirse cornudo (“Chacumbele, el mismito se mató, pobrecito Chacumbele, el mismito se mató"). Y al Chacumbele de Caracas en un acto reciente, cuando la debacle electoral ya era inminente, le gritaron: "Nicolás, suicídate!". Qué irrespetuosos.

lunes, 31 de octubre de 2011

Del mero gobierno "fuerte" al régimen

La gente de Cadal me publicó esta columna sobre cómo el gobierno K se constituye en régimen.
La primera parte es introductoria a la situación argentina y regional para un lector latinoamericano, así que puede obviarse. Lo que tendría cierto interés es el desarrollo del concepto de régimen:

http://www.cadal.org/articulos/nota.asp?id_nota=4608