"La Argentina va a seguir a la deriva hasta que acepte que en esta época el modelo socioeconómico lo pone Asia y ya no Occidente, y que no hay ninguna chance dentro de ese modelo de lograr algo similar al desarrollo" Tuit del autor
Desembarco de autos de la china BYD en Zárate en enero de 2026.El problema que nadie pone sobre la mesa en el debate público argentino es que no hay modelo de desarrollo económico, sea de izquierda o derecha, liberal o neokeynsiano o populista, que sea viable en la era de la Globalización asiática. Esta etapa de la globalización condena a la Argentina a ser un proveedor de bienes primarios y como mucho sumar "economía del conocimiento" y servicios en torno a esa economía primaria: finanzas, algo de turismo, no mucho más. A diferencia de Brasil, sociedad donde nadie se plantea seriamente alcanzar el desarrollo (el PT de Lula está visiblemente conforme con lo que hizo desde 2003 a hoy), la sociedad argentina todavía reclama volver al bienestar de tiempos ya muy remotos. Por algo el presidente Milei invoca repetidamente que si confían en él por muchos años llevará a la Argentina al nivel de Irlanda, como mínimo. El sueño igualitario aún está vivo en la Argentina que insiste en verse como una sociedad de clase media.
Veamos el asunto con más detalle. Milei planteó de entrada un modelo de economía abierta con un proceso darwinista-schumpeteriano, que efectivamente, se está dando a la vista de todo el país. Aún con un giro pragmático en los próximos meses por la campaña para la reelección en 2027, Milei no negociará su modelo de economía abierta y ajena a la industria (cerró la Secretaría de Industria en 2025). La oposición peronista y no-peronista, condena esta apertura pero no presenta un serio programa económico alternativo. Ante el laconismo opositor, hay que imagina que sería un plan más matizado, con menos apertura o ninguna, invocando la actual fase de cierre de las economías en el mundo (los EEUU de Trump, la reacción de la UE ante la avanzada china). Citarán también a Brasil, al que no le va mal con el pragmatismo de Lula y su PT. Brasil mantiene su economía cerrada y registra un crecimiento mediocre pero sostenido. Pero Brasil no se plantea un salto cualitativo y ambicioso hacia el desarrollo, nadie lo hace en Brasil, ni la sociedad lo reclama. Lula, que llegó a la presidencia en enero de 2003 y con intermitencias se mantiene allí, parece conforme con lo logrado en estos 23 años. En esas dos décadas largas Brasil nunca amagó con iniciar el camino al desarrollo. El trasfondo histórico-social igualitario de Argentina nunca existió en Brasil ni en el resto de América latina, salvo en Uruguay y Chile, pero no en el nivel visto en Argentina.
Ocurre que la Globalización asiática está dejando fuera de juego los esquemas proteccionistas de sustitución de importaciones, y sus sustitutos también. Un termómetro clave acá y en Brasil es la industria automotriz. El modelo vigente se construyó en los 90, entre Menem y Cavallo en Argentina y el gobierno de F.H. Cardoso en Brasil, hecho a la medida del Mercosur y para actualizar el modelo industrial original de los años 50 y 60. Funcionó bien durante 30 años, pero hoy esa industria afronta un futuro muy difícil.
La industria automotriz argentina está históricamente asociada al país de la clase media y al relativo desarrollo y bienestar que mostraba la Argentina en los años 50, 60 y 70 y en menor medida en los 80, 90 y 2000. Hoy enfrenta su ocaso tal vez definitivo o una reconversión tan drástica que dejará de ser lo que fue durante esas décadas.
A partir de ahora la competencia, en todas las ramas de la industria, no son, como en los 90, Alemania, Francia, Italia y Japón con sus altísimos salarios industriales, sino China y sus países asociados o satélites, todos con salarios bajos o muy bajos e hiperflexibilización de las condiciones de trabajo. Lo que le ocurre al rubro automotor le ocurre bajo Milei a casi toda la industria: textiles, electrónica, bazar, cosméticos, relojes, lo que sea. Pero no se trata de un problema del anómalo Milei y de su exótico dogmatismo austríaco, como afirman Axel Kicillof y sus ideólogos y no pocos neokeynesianos no peronistas. Es algo mucho más permanente, de fondo y que Argentina padece pero en modo alguno controla, ni tampoco puede enfrentar. Sí podría un gobierno más "normal" matizar esta ola de importaciones a precios imbatibles, pero nunca volver al pasado de la "Industria Argentina".
Vale analizar el caso de Axel Kicillof, hoy el más firme precandidato presidencial del peronismo para 2027. Su eventual Presidencia dejará de lado las "relaciones carnales" que tejió Milei con los EEUU. Pero esta medida solo aumentará la dependencia internacional argentina de China y los BRICS, gremio en el que Pekín lleva la batuta. ¿Cómo hará Kicillof para negarse a las exigencias de "libre comercio" de Xi Jinping cuando su dependencia financiera y comercial de China serán mucho mayores que las actuales? ¿Cuando es evidente que, ante la salida masiva de capitales y ahorros privados que causará su llegada al poder, deba ir a rogar a Pekín un aumento muy grande del "swap" vigente desde tiempos de Cristina? Ni EEUU, con Scott Bessent, ni el FMI con la comprensiva Kristalina Giorgieva, estarán dispuestos a abrir nuevamente sus bolsillos si Kicillof está en la Casa Rosada, desde ya.
Pero al esbozar la hipótesis de Kicillof presidente adelantamos el estudio de las razones de una posible futura derrota de Milei en 2027 o 2031. El actual deterioro de la figura presidencial tiene relación directa con su programa económico, que apuesta a desarrollar solo el 20/30% de las actividades que conforman el PBI argentino. Minería, hidrocarburos y agro, o sea los bienes primarios, son el tridente que entusiasma a Milei y su equipo de economistas. Van viento en popa bajo su gobierno. Pero no producen mucho empleo y por lo tanto no impulsan el consumo. Fue sintomático que prácticamente al mismo tiempo el Indec anunciara un crecimiento del PBI de 5,5% interanual en mayo de 2026 mientras una consultora privada, Scentia, consignaba una caída del consumo masivo de 3,8% interanual en abril. Es rarísimo que el PBI crezca tan fuerte y el consumo caiga al mismo tiempo. El contraste se explica porque las ramas de actividad que generan trabajo y consumo retroceden: industria, comercio y construcción. A Milei la "micro" no le interesa, dice que es asunto de los empresarios, que el se ocupa de la "macro", de abrir la economía y de la política financiera. Por eso cerró en 2025 la Secretaría de Industria y no hay en su gabinete económico ningún experto en industria, como era Dante Sica, secretario del ramo de Mauricio Macri. Sica es un verdadero experto en industria, se formó en ella. Este programa económico puede así llevar a Milei a la derrota electoral, en especial cuando insiste en aplicar a la vez la vieja receta del atraso cambiario, algo que multiplica los efectos de la apertura comercial. Pero como vimos, Kicillof o quien sea el candidato competitivo de la oposición en 2027, no tiene alternativas reales a la vista, más allá del discurso maniqueísta de campaña. A Milei lo acompañó hasta ahora una resignación general, pero ese sentimiento se está terminando rápidamente, segun registran todas las encuestas. Las buenas noticias de junio 2026: caída del riesgo país, de la inflación (2.1% mensual en mayo) y aumento del valor de los activos financieros no alcanzan o no son perceptibles por el público general, o sea por la enorme mayoría de los votantes. Si en la segunda mitad de 2026 y sobre todo en 2027 no hay una fuerte recuperación de la industria, el comercio, la construcción y por tanto del consumo, Milei afrontará una campaña por su reelección cuesta arriba. Pero el problema es, como vimos, que su programa no contempla ocuparse de estos menesteres.
En resumen, la Argentina que conocemos, la de la clase media (aún cuando sea una clase media golpeada y postergada por las sucesivas crisis económicas nacionales), no tiene lugar en el mundo que están construyendo a la vista de todos China y las demás naciones asiáticas que lideran hoy la nueva Globalización, a la que quiere acoplarse Milei. Con la actual pauperización en curso, está surgiendo una Argentina en la que casi no habrá lugar para la clase media, demasiado numerosa y con estudios que ya no sirven. Por eso su actual empobrecimiento es tan visible; la clase media se desintegra para integrarse a las clases bajas. Llega la época de "Mi hijo el rappi", un reemplazo pauperizado de "Mi hijo el dotor" de Florencio Sánchez o "mi hijo el bancario" de los tiempos de Perón, Frondizi, Illia. La universidad deja rápidamente de ser el camino del ascenso social. La "facultad" es un lugar de socialización y construcción de la identidad mucho más que una institución en la que recibir una formación con buena "salida laboral", como lo fue durante más de un siglo.
Así las cosas, si Milei dejara la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2027 para que ingresara Axel Kicillof, el problema de fondo no cambiaría en nada. No hay forma de conciliar el modelo social argentino iguaitario y de clase media con la realidad económica mundial actual, en la que las economías del decadente G-7 -Europa, Japón, Canadá y EEUU- ya no tienen el rol protagónico. El viejo modelo social argentino, a medias realizado durante algunas décadas del siglo XX, ya no es proponible como programa político y económico. Por esto tanto derechistas liberales como progresistas peronistas "fingen demencia" y recitan planes de desarrollo que evocan antiguas épocas aunque saben que son imposibles de recrear en este feroz siglo XXI asiático.