"La Argentina va a seguir a la deriva hasta que acepte que, en esta época, el modelo socioeconómico lo pone Asia y ya no Occidente, y que no hay ninguna chance en ese modelo de lograr algo similar al desarrollo" Tuit del autor
Desembarco de autos de la china BYD en Zárate en enero de 2026.La actual crisis de la economía argentina se atribuye sin más a la política del presidente Milei. Este hace todo lo posible, con su dogmatismo monetarista-austríaco, para ganarse esas imputaciones, pese a que el ministro Caputo y su equipo hacen pragmatismo con pleno recurso a las herramientas del Estado (suba y baja de las tasas, cepo a las empresas, control de las remesas al exterior, régimen ad hoc de inversiones, RIGI y Súper RIGI, etc). Pero la política de fondo es la apertura de la economía, combinada con un letal atraso del tipo de cambio (dólar bajo). El efecto es una desindustrialización que se combina con una vigoroso crecimiento de la producción primaria: energía, minería y agroganadería.
La situación de estancamiento (enero-mayo de 2026), que es en realidad de abierta recesión en amplios sectores (industria, comercio, construcción) se compensa con números muy positivos en los sectores productores de bienes primarios. Un 20% de la economía que genera gran parte sino todas las divisas del país pero crea muy poco empleo, no compensa la caída de los sectores tradicionales, y esto se refleja sin ambiguedades en tres ítem: la caída sistemática de la recaudación fiscal, del consumo y del empleo. Se estima que más de 24 mil empresas cerraron definitivamente desde que asumió Milei en diciembre de 2023. Una masacre.
Pero acá se plantea una cuestión mucho más amplia y de fondo, que se refiere no solo al modelo económico, el de Milei o el que lo suplante, sino a la nula posibilidad de realización de un camino de desarrollo en el escenario que plantea la Globalización en su fase presente, la dominada por Asia y ya no por Occidente y Japón (el viejo G-7). Milei planteó de entrada un modelo de economía abierta con un proceso darwinista-schumpeteriano, que efectivamente se está dando a la vista de todo el país. Aún con un giro pragmático en los próximos meses, Milei no negociará su modelo de economía abierta y ajena a la industria (cerró la Secretaría de Industria en 2025). La oposición peronista y no-peronista, condena esta apertura pero no presenta un programa económico, algo sintomático. Imaginamos que sería un plan más matizado, con menos apertura o ninguna, invocando la actual fase de cierre de las economías en elmundo (los EEUU de Trump, la reacción de la UE ante la avanzada china). Citarán también a Brasil, al que no le va mal con el pragmatismo de Lula y su PT. Brasil mantiene su economía cerrada y registra un crecimiento mediocre pero sostenido. Para un país que en gran medida "ya creció" y que se plantea un mantenimiento de lo que tiene y no un salto cualitativo ambicioso hacia el desarrollo (nadie lo hace en Brasil!), está bien esa mediocridad, que tácitamente plantean todos los postulantes a gobernar.
Pero el caso es que la Globalización asiática dejará fuera de juego los esquemas proteccionistas de sustitución de importaciones al viejo estilo, y sus sustitutos también. Un termómetro clave es la industria automotriz, acá y en Brasil. El modelo vigente se construyó en los 90, entre Menem y Cavallo en Argentina y el gobierno de F.H. Cardoso en Brasil, hecho a la medida del Mercosur. Funcionó bien durante 30 años, pero hoy esa industria afronta un futuro negro, tanto acá como en Brasil. Argentina tuvo bajo este régimen 14 plantas automotrices. Nadie cree que vayan a quedar ni la mitad en unos años. ¿Culpa de Milei? No, culpa de China, que ya está montando fábricas en Brasil y promete hacerlo en Argentina. La gigante BYD se prepara para fabricar sus autos en San Pablo y venderlos a todo el Mercosur. Una competidora, del grupo Chery, anunció a fines de mayo de 2026 que construirá su planta en Argentina, sin dar mayores precisiones.
La industria automotriz argentina, históricamente asociada al país de la clase media y al relativo desarrollo que mostraba la Argentina en los años 50, 60 y 70, enfrenta su ocaso tal vez definitivo. A partir de ahora la competencia no serán Alemania, Francia, Italia y Japón (o lo serán en manera decreciente), con sus altísimos salarios industriales, sino China y sus países asociados o satélites, todos con salarios bajos e hiperflexibilización de las condiciones de trabajo. Lo que le ocurre al rubro automotor le ocurre a casi toda la industria: se extiende la sensación que contra China/Asia no se puede. Textiles, electrónica, bazar, cosméticos, relojes, lo que sea. Acá está la verdadera raíz de problema actual. No se trata del anómalo Milei y de su exótico dogmatismo austríaco. Es algo mucho más permanente, de fondo y que Argentina padece pero en modo alguno controla ni puede enfrentar.
tuit del 27 de mayo: surge una Argentina para la Globalización que lidera Asia. No hay lugar para la clase media, demasiado numerosa y con estudios que ya no sirven. Por eso su empobrecimiento tan visible; se desintegra para integrarse a las clases bajas. Llega la época de "Mi hijo el rappi"
Cuando el modelo socioeconómico viene de Asia (no solo China: India, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Singapur, Bangladesh, Tailandia, etc) todo lo que nos formó a los argentinos, los que nos dio contexto y marco de referencia en los últimos 80 años, se desmorona. La brújula ya no la marcan las "grandes economías industrializadas" del G-7, gremio que hoy pesa muy poco, sino las potencias asiáticas. La sociedad reacciona con una negación en silencio de este hecho categórico. Ni Kicillof, ni Milei, ni Macri sabrán cómo adaptar la sociedad argentina a la nueva realidad que llega desde el Pacífico. ¿Cuál es esa realidad? Jornadas laborales de 12 horas seis días a la semana (esa es la real semana laboral china, no la de 8 horas y cinco días que figuran en su ley) a cambio de salarios bajos y sindicatos del gobierno. Las condiciones son mucho peores en otras naciones asiáticas, varias de las cuales funcionan como socias subalternas de China (el caso de Bangladesh, que recibe mucha industria china que busca sus salarios bajísimos con condiciones laborales aberrantes).
Un politógo despierto trabajaría sobre la resistencia a renunciar, a"sacarse de la cabeza", el modelo social europeo que sigue presente en el imaginario argentino. Nadie se compara con el modelo que podría proveer China. País que además, por el muro de desinformación que crea su régimen dictatorial, poquísimos conocen realmente, pero que además no sabe crear "soft power", dada la mezcla de extraneidad cultural y aire amenazante que lo acompaña. Por esto, al momento de proyectar el país soñado, los argentinos todavía hoy piensan sin decirlo en Europa occidental. Buenos sueldos, vivienda accesible, estabilidad, Estado Social (salud pública, no hay que pagar una prepaga o una obra social, ni un colegio privado), seguro de desempleo generoso, etc. Así fue durante muchas décadas y así es todavía hoy, pero en una versión muy desmejorada.
La Tercera Vía en Europa y el Consenso de Washington en América Latina fueron una respuesta a la primera Globalización, la de los 90s. Se trataba de actualizar lo más valioso del modelo keynesiano y hacerlo convivir con una realidad económica internacional totalmente distinta a la de la posguerra. Blair, Helmut Kohl, Schroeder, Prodi y Clinton buscaron dar dinamismo y hacer ganar competitividad a sus economías y en gran medida lo lograron. Se rescató lo más importante del Modelo Social Europeo a la vez que "Bruselas" se ponía ortodoxa con los gastadores crónicos (el proceso de ingreso al Euro y las normas de Maastricht). En el Cono Sur, Menem, Cardoso y Lula hicieron algo parecido, y también con relativo buen resultado, sobre todo en Brasil. Pero a partir de 2005/10 China cambia de condición, ya no es la gran novedad pintoresca de las naciones emergentes, y pasa a ser una potencia industrial con todas las letras. De copiar ilícitamente carteras y licuadoras o poner grandes fábricas a producir para las marcas más exclusivas del Primer Mundo (el caso Apple-Foxconn), pasó a crear sus propios gigantes industriales. De hacer autos toscos y nada fiables pasó en menos de una década a la realidad actual: autos competitivos y de muy buena calidad que se venden en todo el planeta a bajo precio. También en Argentina. Y acá comienza a hacer mutis por el foro la industria nacional, más allá de Milei, de nuevo. El kirchnerismo se hizo aliado de Pekín (el famoso swap se hizo en esa época, así como varios compromisos muy discutibles, como una central nuclear china llave en mano y la base "espacial" en el Sur). Pero es muy obvio que el nacionalismo industrialista peronista mal se combina con China, que es la principal propaladora del libre comercio desde hace 25 años en los foros internacionales (basta repasar el discurso oficia chino sobre comercio internacional, el más librecambista de todos).
Así las cosas, si Milei dejara la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2027 para que ingresara Axel Kicillof, el problema de fondo no cambiaría en nada. No hay forma de conciliar el modelo social argentino de clase media con la realidad económica mundial actual, dominada y dirigida por las economías asiáticas, no por Europa ni EEUU. Ese modelo, a medias realizado durante algunas décadas, ya no es proponible como programa político y económico. Por esto tanto derechistas liberales como progresistas peronistas "fingen demencia" y recitan planes de desarrollo que evocan antiguas épocas, aunque saben que son imposibles de recrear en este feroz siglo XXI asiático.