miércoles, 13 de mayo de 2026

Más allá de Milei: Asia es el nuevo modelo socioeconómico no ya Europa. Argentina no se quiere notificar

"La Argentina va a seguir a la deriva hasta que acepte que en esta epoca, en la que el modelo socioeconómico lo pone Asia y no Europa occidental, no hay chances de lograr algo similar al desarrollo. La crisis de la automotrices en Argentina representa bien el drama en curso" tuit mío 

Desembarco de autos de la china BYD en Zárate en enero de 2026. 

La actual crisis o estancamiento de la economía argentina se atribuye sin más a la política del presidente Milei. Este hace todo lo posible con su dogmatismo monetarista-austríaco para ganarse esas imputaciones, pese a que todos los agentes económicos saben que, fuera de micrófonos, Caputo y su equipo hacen pragmatismo, cuando no abierta heterodoxia con pleno recurso a las herramientas del Estado (suba y baja de las tasas, cepo a las empresas y control de las remesas al exterior, etc, todo bien conocido). El "austríaco" se viste con el buzo de YPF, la empresa del Estado que él no piensa privatizar. Pero la actual situación de estancamiento (abril-mayo de 2026), que es en realidad de recesión en amplios sectores (industria, comercio, construcción) que se compensa con números muy positivos en los sectores productores de bienes primarios, no deja margen para el dibujo, ni estadístico ni discursivo. Un 20% de la economía, que genera gran parte sino todas las divisas del país pero crea muy poco empleo, no compensa la caída de los sectores tradicionales, y esto se refleja sin ambiguedades en dos ítem: consumo y empleo. Todos los economistas liberales no dogmáticos (Cavallo, Kiguel, Cottani, Melconian, C. Rodríguez, Ferreres, Broda, más los bancos de inversión americanos) dicen que el esquema es demasiado rígido y recesivo y que el Gobierno debe hacer cuanto antes lo comprometido con el FMI: que las compras de divisas que hace el BCRA no se "esterilicen" sino que esos pesos vayan al crédito y por ese canal al consumo y la reactivación. Este diagnóstico es el correcto y hay que esperar que el Gobierno retome el crecimiento por fuera de los sectores primarios. Tuvo crecimiento vía crédito en 2º semestre de 2024 y primer semestre de 2025, entonces recuperaron tanto salarios como consumo, luego todo se desbarrancó: salida del cepo para personas físicas, error de las LEFI, campaña electoral. Los argentinos se dieron una panzada de dólares que llegó a niveles delirantes luego de la victoria de Axel Kicillof el 7 de septiembre en las elecciones bonaerenses (se estiman 37 mil millones comprados por personas en un año). Ahora, abril-mayo de 2026, hay alivio en el frente del dólar pero la caída de todos los ítems que hacen al bienestar son inocultables. ¿Inyectar dinero circulante y mayor acceso al crédito en todas sus formas más inmediatas a empresas y familias hará mejorar este escenario? Sin dudas que sí. Pero el daño al tejido productivo es muy grande y no se recuperará por un mero cambio de tasas de interés. Se estiman más de 24 mil empresas que cerraron definitivamente desde que asumió Milei, una masacre. 

 Ahora, acá se plantea una cuestión mucho más amplia y de fondo que se refiere no solo al modelo económico, este o el que lo suplante, sino a su posibilidad de realización en el escenario que plantea la Globalización en su fase presente, la dominada por Asia y ya no por Occidente más Japón (el viejo G-7). Milei planteó de entrada un modelo de economía abierta con un proceso darwinista de tipo schumpeteriano, que efectivamente se está dando a la vista de todo el mundo. Cierre continuo y sistemático de industrias como se dijo, fuerte reducción del comercio tradicional por el auge del e-commerce y a la vez la caída de los ingresos fijos, etc. Pero aún con un giro pragmático en los próximos meses Milei no negociará su modelo de economía abierta y ajena a la industria (cerró la Secretaría de Industria en 2025). La oposición peronista condena esta apertura pero no presenta un programa económico, y la tercera vía de la oposición no peronista tampoco lo hace. Imaginamos que será un plan más matizado, con menos apertura o ninguna, invocando la actual fase de cierre de las economías (los EEUU de Trump, la reacción de la UE ante la avanzada china). Citarán también a Brasil, al que no le va nada mal con el pragmatismo de Lula y su PT. Su crecimiento es mediocre o apenas moderado. Esto se logra con una economía muy cerrada y muy estatizada y regulada. La escala del mercado brasileño compensa muchas limitaciones del cierre, algo que Argentina, con menos de un cuarto del PBI brasileño, no puede hacer. Un termómetro clave es la industria automotriz, acá y en Brasil. El modelo vigente se construyó en los 90, entre Menem y Cavallo y el gobierno de F.H. Cardoso, a la medida del Mercosur. Funcionó bien o más o menos bien durante 30 años, pero hoy esa industria afronta un futuro negro. Argentina tuvo bajo este régimen hasta 14 plantas automotrices. Nadie cree que vayan a quedar ni la mitad en unos años. ¿Culpa de Milei? No, culpa de China, que ya está montando fábricas en Brasil. 

La crisis posiblemente terminal de la industria automotriz argentina, históricamente asociada al país de la clase media y al relativo desarrollo que mostraba la Argentina en los años 50, 60 y 70, se reposicionó ante la Globalización con Menem y Cavallo, pero hoy esa respuesta es claramente insuficiente. Hoy la competencia no son Alemania, Francia, Italia y Japón, con sus altísimos salarios industriales, sino China y sus países asociados o satélites. Lo que le ocurre al rubro automotor le ocurre a toda la industria: contra China no se puede. Textiles, electrónica, bazar, autos, cosméticos, relojes, lo que sea. Acá está la verdadera raíz de problema actual. No se trata del anómalo Milei y de su dogmatismo austríaco. Es algo mucho más permanente, de fondo y que Argentina padece pero en modo alguno controla.  

Cuando el modelo -no admitido- del desarrollo socioeconómico viene de Asia (no solo China: India, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Singapur, Bangladesh, Tailandia, etc) todo lo que nos formó, nos dio contexto y referencia en los últimos 80 años se desmorona. La brújula ya no la marcan las "grandes economias industrializadas" del G-7, gremio que hoy cuenta muy poco, sino las potencias asiáticas. La negación por silencio de este hecho categórico nos lleva a la crisis política de los gobiernos actuales. Ni Kicillof ni Lula sabrán cómo adaptar sus respectivas sociedades a la nueva realidad que llega desde el Pacífico. ¿Cuál es esa realidad? Jornadas laborales de 12 horas seis días a la semana (esa es la real semana laboral china, no la de 8 horas y cinco días que figuran en la ley) y condiciones mucho peores aún en otras naciones asiáticas. 

Un politógo que fuera despierto trabajaría sobre la resistencia a "sacarse de la cabeza" el modelo social europeo que tácita o explícitamente sigue dando vueltas en el imaginario argentino y de otras naciones sudamericanas. Nadie se compara con China, que además, por el muro de información que crea su gobierno, poquísimos conocen. Todos tácitamente, al proyectar un futuro mejor, se recuestan en el  modelo europeo que "tienen en la cabeza". Al momento de proyectar el país soñado, los argentinos piensan sin decirlo en Europa occidental. Buenos sueldos, vivienda accesible, estabilidad, Estado Social (salud pública, no hay que pagar una prepaga o una obra social, ni un colegio privado), seguro de desempleo generoso, etc. Así fue durante muchas décadas y así es pese a todo hoy en día. 

Como la Tercera Vía en Europa, el régimen automotor argentino de los 90 fue una primera respuesta a la primera Globalización. Se trataba de actualizar lo más valioso de la herencia y hacerla convivir con una realidad económica internacional totalmente distinta a la de la  posguerra. Blair, Helmut Kohl y Schroeder, Romano Prodi y Clinton, buscaron dar dinamismo y hacer ganar competitividad a sus economías y en gran medida lo lograron. Se rescató lo más importante del Modelo Social Europeo a la vez que "Bruselas" se ponía dura y ortodoxa con los gastadores crónicos (el proceso del Euro y las normas de Maastricht). En el Cono Sur, Menem, Cardoso y Lula hicieron lo mismo, y también con cierto éxito. Pero a partir de 2005/10 China cambia de condición, ya no es la gran novedad de las naciones emergentes, pasa a ser una potencia industrial con todas las letras. De copiar ilícitamente o poner grandes fábricas a producir para las marcas más exclusivas del Primer Mundo (Apple-Foxconn), pasa a crear sus propios gigantes industriales y del consumo masivo. De hacer autos toscos y nada fiables pasó en menos de una década a la realidad actual: autos competitivos y de muy buena calidad que se venden en todo el planeta a bajo precio. Y acá comienza a hacer mutis por el foro la industria nacional, más allá de Milei, de nuevo. El kirchnerismo se hizo aliado de Pekín (el famoso swap viene de esa época, así como varios compromisos discutibles, como una central nuclear llave en mano y la base "espacial" en el Sur). Así que el nacionalismo industrialista peronista K mal se combina con China, que es la principal propaladora del libre comercio desde hace 20 años o más. De modo que si Milei se fuera el 10 de diciembre de 2027 para que ingresara Kicillof, el problema no cambiaría en nada. No hay forma de conciliar el modelo social argentino de clase media con la realidad económica mundial actual, dominada y dirigida por las economías asiáticas, no por Europa ni EEUU.